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Diatriba de amor contra un hombre sentado

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Valiéndome del título de la obra de teatro de García Márquez, quiero formular un reclamo en nombre de Tunja, mujer profundamente herida, porque su esposo –la dirigencia local – nunca le presta atención y la ha condenado a años de sufrimientos por sus interminables omisiones.

Dicen los gurús de las relaciones sentimentales, que el elemento central de una relación es la comunicación. Y a veces a las parejas se les olvida que a pesar de que los reclamos puedan ser airados, groseros y hasta impertinentes, no son sino el reflejo de un marcado descontento con la negligencia de quien se supone ha escogido a su compañera para amarla, respetarla, acompañarla en la dificultad y ayudarle a superarla como socios que son en esa gran empresa que representa su relación.

Son conocidas las molestias que en los políticos de Tunja se han generado por cuenta de la labor de sus críticos, que solo tienen el afán de ser la conciencia de la ciudad ante la resignación de sus ciudadanos frente a la ineficiencia de sus representantes en el poder. Pero se les olvida que el quid del asunto no está en el disentimiento, no radica en que se haga, sino en lo que significa.

Al escoger su profesión, los políticos en una sociedad democrática aceptan el robusto escrutinio del público y la crítica, ya que sus actividades salen del dominio de la esfera privada para insertarse en la esfera del debate público. Este umbral no se asienta en la calidad del sujeto, sino en el interés público de las actividades que realiza. Y es que el control democrático a través de la opinión pública fomenta la transparencia de las actividades estatales y promueve la responsabilidad de los funcionarios sobre su gestión pública. De ahí la mayor tolerancia que se debe dar a las afirmaciones y apreciaciones vertidas por los ciudadanos en ejercicio de dicho control democrático. Tales son las demandas del pluralismo propio de una sociedad democrática, que requiere la mayor circulación de informes y opiniones sobre asuntos de interés público.

No lo digo yo, lo dijo la Corte Europea de Derechos Humanos en el caso Lingens vs. Austria y en el caso Grupo de Medios Ucraniano vs. Ucrania y más recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos Kimmel y Fontevecchia y D’Amico, ambos contra la Argentina.

Dicho esto, la invitación es para el mal esposo que debe aprender a escuchar y corregir los errores que comete con su adorada compañera e incluso, dada esta particular relación, debe reparar el daño que amores anteriores le hicieron soportar y de otro lado para que la pasiva ciudadanía capitalina no se olvide de sus más básicos derechos. Hace años que existe el divorcio y si otrora pudimos liberar a un pueblo, seguramente podemos recordarle a nuestros representantes en el poder, que no nos gobiernan por derecho propio, sino porque nosotros se lo hemos permitido.  

Salud, intimidad e interés público

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“Ante todo, la intimidad del paciente” enseña María Patricia Castaño de Restrepo en sus clases de la Especialización en Derecho Médico-Sanitario de la Universidad del Rosario. La vehemencia con la que ésta reconocida abogada antioqueña aborda la materia es tal, que uno se ve tentado a pensar en estricto derecho que la salud de los pacientes, es un problema solo de ellos, eventualmente sus familiares y de nadie más. Pero como ella misma dice, la solución depende de los casos en particular. Sin embargo el estado de salud de algunos mandatarios del nivel territorial y especialmente la del Vicepresidente Angelino Garzón, ha generado interrogantes acerca de si el público debe o no conocer este tipo de información. 

Hasta la fecha, no he tenido la oportunidad de charlar con ella sobre este tema, pero quisiera abordar la problemática desde mi propio conocimiento sobre todo aportando algunos elementos en esa tensión entre el derecho a la intimidad de los políticos y la libertad de informar sobre temas de interés público, establecidos por los tribunales internacionales de Derechos Humanos.

Desde la perspectiva del Derecho Médico, la Declaración de la Asociación Médica Mundial sobre las consideraciones éticas de las bases de datos de salud señala que el derecho a la privacidad permite a las personas controlar el uso y la difusión de la información recopilada sobre ellas y que la privacidad de la información personal sobre la salud del paciente está protegida por el deber de confidencialidad del médico, regla que podemos encontrar igualmente en las Declaraciones de Lisboa, Ginebra y Helsinki de esta misma organización.

Según el consenso interno de esa ONG internacional, la confidencialidad es la base de la práctica médica y es esencial para mantener la confianza y la integridad de la relación médico-paciente pues al saber que su privacidad será respetada, el paciente se siente libre de compartir información personal sensible con su médico. Estas reglas aparecen también consignadas en el artículo 74 de nuestra Constitución y en la ley 23 de 1981 relativa a la ética médica. 

Sin embargo, en casos de libertad de información y de expresión como Fontevecchia y D’Amico vs. Argentina o Lingens vs. Austria se ha dicho que los políticos en una sociedad democrática, al escoger su profesión, aceptan el robusto escrutinio del público y la posible crítica, ya que sus actividades salen del dominio de la esfera privada para insertarse en la esfera del debate público. Este umbral no se asienta en la calidad del sujeto, sino en el interés público de las actividades que realiza.

Según las Cortes Europea e Interamericana de Derechos Humanos, el control democrático a través de la opinión pública fomenta la transparencia de las actividades estatales y promueve la responsabilidad de los funcionarios sobre su gestión pública. De ahí la mayor tolerancia que se debe dar a las afirmaciones y apreciaciones vertidas por los ciudadanos en ejercicio de dicho control. Tales son las demandas del pluralismo propio de una sociedad democrática, que requiere la mayor circulación de informes y opiniones sobre asuntos de interés público.

Una interpretación estricta de estos enunciados haría pensar que es de interés público conocer todos los pormenores de salud de los funcionarios estatales y sin embargo las primeras preguntas que se advierten son ¿Es posible escrutar a todos los funcionarios de igual manera a la hora de revelar su información íntima en materia médica? ¿Solo aquellos de elección popular? ¿Qué criterio debemos utilizar para definirlos? ¿Deben ser reveladas todas las enfermedades que aquejan a dichos funcionarios?

Este último interrogante es el que más inquietudes me genera. Supongamos que un político ha sido infectado con el Virus de Inmunodeficiencia Humana y desarrolla el síndrome consecuente. Nadie discute que se trata de una delicada situación de salud, pero es ostensible la dificultad que representa saber si esta patología debe ser conocida por el público.

Recientemente, el Senador Juan Lozano radicó el Proyecto de Ley 196/12 de Senado según cual Presidente, Vicepresidente, Ministros, Directores de Departamentos Administrativos, Gobernadores, Alcaldes, el Comandante General de las Fuerzas Militares, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el Comandante del Ejército, el Comandante de la Armada, el Comandante de la Fuerza Aérea y el Director General de la Policía Nacional deberán realizarse un examen de manera anual, con un médico de su E.P.S. y en caso que se evidencien enfermedades neurodegenerativas, desórdenes cognitivos, trastornos mentales o impedimentos físicos severos deben ser removidos de su cargo.

Aparentemente el proyecto da una respuesta satisfactoria a la problemática enunciada y sin embargo quedan algunas vetas abiertas que por cuenta del lenguaje ambiguo, pueden prestarse para abusos o arbitrariedades. Resulta incómodo, por ejemplo, que sea el Senado, órgano político por excelencia, quien decida en varios de los casos declarar la ausencia temporal o permanente de altos funcionarios del gobierno nacional. Así mismo, no es claro qué debe entenderse por “impedimentos físicos severos” ni cuál va a ser la fuente para determinarlos ¿Acaso será el Manual Único para la Calificación de la Invalidez?

La buena fe, parece indicar que la respuesta es evidente, sin embargo, esta es una materia que debe ser regulada con bastante sigilo. De un lado, debe tramitarse como una Ley Estatutaria en tanto estamos hablando de una restricción a los derechos humanos de ciudadanos colombianos, quienes no pierden su calidad como tales por su condición de prosélitos y de otro, con procedimientos más estrictos, que involucren a las tres ramas del poder público y que sean más detallados que los señalados en el proyecto de ley, para evitar todos los abusos.

No se trata solamente de generar tranquilidad en la administración pública, sino de que esos controles verdaderamente aboguen por el interés general de los ciudadanos y la democracia. 

Imagen tomada de semana.com

Algunas ideas: a propósito de Satyagraha

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Ayer en la tarde asistí a la transmisión que hizo Cine Colombia de Satyagraha, una de las 3 operas biográficas compuestas por Philip Glass y debo confesar que es la primera vez que veo una ópera "en vivo", por llamarlo de alguna manera, ya que aunque la transmisión efectivamente se hacía en tiempo real, la verdadera experiencia hubiera sido estar en la Opera Metropolitana de Nueva York. La experiencia fue sublime e increíble.

Puedo recordar varios momentos maravillosos, como en el que escuché por primera vez la suave y dulce voz de Philip Glass hablando de la manera en que había estructurado la Opera con sus tres actos principales. El momento en que aparece Krishna, resplandeciente con su característico color azul, en el capo de justicia de Kuru, o en el final del acto III en el que Gandhi (Richard Croft), se acerca al podio en el que Martin Luther King Jr. está pronunciando un discurso, mientras aquel canta un fragmento sobre las diferentes reencarnaciones de Visnú que nos hace pensar sobre la conexión entre uno y otro personaje. 

Sin embargo, más allá de la hermosa escenografía, el talento de cada uno de los cantantes o los nervios de Eric Owen haciendo la transmisión en vivo, puedo rescatar una reflexión a la que llegué en un largo tren de pensamientos, por cuenta de una anécdota de mi madre, quien me acompañó a la función: "Yo tengo una cajita llena de programas de cuando el Festival Internacional de la Cultura de Boyacá iniciaba. Tu tía y yo asistíamos a las funciones de ópera y de las diferentes orquestas sinfónicas y corales y le pedíamos un autógrafo a todos los artistas que podíamos". 

Mi madre, sin quererlo me había inducido a pensar que Tunja, ha tenido siempre el potencial  de ser verdaderamente culta, más allá de lo noble o hidalga que uno pueda considerarla. Esa semana de la cultura, dedicada a mostrar como espectáculos centrales a algunos artistas vernáculos (labor que es también es necesaria en una comunidad que tiende a despreciar y a veces renegar de sus raíces y sus propias expresiones culturales), podría alimentarse del montaje de ciertas obras contemporáneas del calibre de Satyagraha en cuyo reparto artistas locales podrían hacer impecables representaciones. Incluso Tunja podría ser la un escenario alterno a Bogotá en el que los hijos de tantas escuelas de música que existen en la capital, pudieran aportarnos su experiencia, riqueza y recorrido. Podría ser un oasis de cultura alejada de la estruendosa y agitada vida bogotana.

La visión de Tunja como una ciudad cultural no es un proyecto utópico, ni debe ser solamente un recuerdo de proyectos como el ICBA. No puede depender de la expectativa de financiación del Estado, sino que debe ser un proyecto liderado por las licenciaturas de Bellas Artes y Música de la UPTC, acompañado por boyacenses acaudalados  que contribuyan con la UPTC en una labor activa de consecución de mecenas y patrones provenientes del sector privado, siguiendo el modelo de las grandes instituciones de la cultura como la Opera Metropolitana de Nueva York en la que la financiación se busca por la propia institución y no depende del favor o lista de prioridades del Estado.

Extiendo una cordial invitación a los habitantes de la meseta a ser conscientes de que solo edificamos futuro en la medida en que seamos capaces de soñar nosotros mismos la ciudad en la que deseamos vivir en el futuro, porque esa ciudad legendaria de nobleza e hidalguía que heredamos del siglo XIX no es más que un recuerdo borroso que para ser renovado necesita de empeño, disciplina y constancia. Se trata de dejar de preguntarnos que puede hacer Tunja por nosotros y comenzar a preguntarnos qué vamos a hacer nosotros por ella.

Feliz domingo.

Soundtrack: Satyagraha: Acto I- Tolstoy. Escena I. Opera de Philip Glass

Sancho quijotizado: ideas para una Tunja en el siglo XXI

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En días recientes El Espectador, publicó un artículo acerca del que fuera el esplendor de la noble, culta e hidalga ciudad de Tunja en los primeros años de su fundación. Esa ciudad engalanada con los heraldos de importantes caballeros, capital de un territorio que se extendía hasta el mar, que de sus antiguos territorios salieron próceres y presidentes, ese toro de lidia que parece dibujarse cuando se observa en un mapa, se encuentra secuestrada por electores ingenuos. Tal como los aborígenes muiscas de los siglos XVI y XVII, cambian su oro (su capacidad de dirigir el destino de la ciudad) por espejos prometidos por la dirigencia regional que no ha sido capaz de darle un viraje de progreso a la capital. El potencial de Tunja, como ciudad valiosa para la economía departamental, es inimaginable y me atrevería a decir que muchas de las características de la ciudad que suelen verse como sus debilidades, son muy por el contrario, sus más grandes fortalezas.

Hace poco leí un fragmento de la obra "El pensamiento colombiano del siglo XIX" de Jaime Jaramillo Uribe y a pesar de que se ocupaba de describir de los motivos de la decadencia del imperio español, sentía una lectura perfectamente adecuable a los motivos de decadencia de la pequeña Tunja, la que vive de los heraldos, de tener la plaza de armas más grande del continente, aquella que se enorgullece de ser propietaria de la única casa de un fundador hispánico todavía en pie, de ser el hogar del primer colegio público que se fundara en la República de Colombia (Gran Colombia) por el General Francisco de Paula Santander.

Las razones del atraso, tanto de Tunja como de Boyacá, son varias. Se puede afirmar que siempre ha existido pereza por producir riquezas en la región, pereza que ha sido amparada sigilosamente en la cercanía con Bogotá, que es ostensible el desinterés por ofrecer calidad en la enseñanza de las instituciones educativas que ella alberga, que hay un escaso sentido de empresa en sus habitantes, todo esto aunado al escaso desarrollo de medios de comunicación de todo tipo (prensa, radio, televisión) y sistemas de transporte de mercancías y personas a lo largo y ancho del territorio y el más grande de los pecados la imposibilidad que hemos tenido de aprender a auto-financiarnos sin depender de las transferencias del gobierno central. En la pugna entre El Quijote y el homo oeconomicus tanto Tunja, como el Departamento se han quedado con la hidalguía y no se han preocupado por la riqueza y la modernización.

Algunos aportes





Hay retos y necesidades a las que la administración de una ciudad de nuestros días debe responder, desde una óptica particularista en materia de políticas públicas y no desde el mero transplante de iniciativas que han sido exitosas en otros lugares sin analizar los impactos específicos que tendrá en el entorno que pretende implementarse. El ejemplo que primero me viene a la cabeza, es el de Transmilenio. Hoy en día la iniciativa se ha replicado en Bucaramanga, Pereira y Cali, bajo el supuesto que  el modelo bogotano había sido un éxito. Sin embargo, una década después, los problemas de este sistema de transporte, son más que evidentes. Transmilenio no ha dejado nunca de ser una solución tibia para una Bogotá que en pleno 2011 afronta una crisis en su transporte y movilidad. Decirlo suena tan obvio y redundante que siempre habrá la tentación de pensar que no hace falta recordarlo, que es evidente.

El experimento de mirar hacia otros lugares no es del todo inválido, pero lo más relevante a la hora de identificar el éxito de las iniciativas foráneas es encontrar ese punto en común de todas las que han sido exitosas: su planeación de acuerdo a las necesidades locales. Esta afirmación, que también posa de retórica y obvia, ha sido tan "evidente" que se pasa como un capítulo menor en el gran esquema de los proyectos. A veces la planeación peca por no asimilar todas las necesidades de los ciudadanos.

Una de las primeras cosas que debe estar en la mente de los próximos alcaldes de la ciudad, es que Tunja no es una metrópolis y no necesita aspirar a ser una gran ciudad en términos área construida, sino en términos de distribución equitativa de la riqueza, de generación de riqueza y por encima de todo, de producción y avance tecnológico. La gran fortaleza de nuestra ciudad, que muchos no suelen tener en cuenta es que al ser tan pocos, nos resulta más fácil coordinarnos para procurar el progreso de los diferentes sectores de la ciudad. Es más fácil distribuir el trabajo. Además de ello, si en lugar de cultura de empleados, la sociedad lograr cambiar al paradigma de la cultura de emprendedores, la llave que se podría hacer entre la investigación y la empresa podría generar excelentes resultados, pero claro, los mismos dependen también del compromiso de los educadores y la directivas de las universidades, con la búsqueda de recursos diferentes a los que gira el gobierno central.

Este tipo de progreso, en el que la ciudad aprecia y utiliza para su escaso tamaño para su propia ventaja la han logrado ciudades como Washington D.C. ó Boston en los Estados Unidos. Y en especial esta última merece toda nuestra atención, porque durante su vida republicana al igual que en el caso de Tunja, la ciudad contaba dentro de sus habitantes con influyente y muy ricos ciudadanos, pero a diferencia de nosotros, ellos organizaron su riqueza en actividades productivas dentro del estado de Massachussets y hoy son un importante centro de poder y cultura en la costa oriental de los Estados Unidos. Es cierto que a diferencia de ellos no tenemos salida al mar y también es cierto que a diferencia de ellos no vivimos en una república federal, pero dentro de las cuentas que podemos rendirle a las generaciones venideras las personas que ahora tenemos a cargo la dirección de la ciudad, es que fue precisamente esta, la generación nacida en los 80 del siglo XX la que le enseñó a Tunja a enorgullecerse de sus glorias pretéritas y un futuro de abundancia y prosperidad.

Se reciben comentarios. Especialmente, se recibe palo y correcciones de ortografía. Buen día.

Pics:
Frontis II de Boyacense 2.0

La mentirosa ontología del colombiano

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Colombianadas 07

Es innegable que Colombia existe como una construcción conceptual. Sentados en transmilenio, en los monólogos de un comediante, en el vendededor ambulante y en el mondongo que preparan nuestras madres, están todos aquellos significados y referentes que hemos movilizado para redirigirlos a esa única palabra que indica un Estado, una nación -a pesar de sí misma como dice el título de cierto libro - y otros tantos cúmulos de cosas que le describen. Dentro de estos significados, uno particularmente recurrente es el de "los colombianos", sin el cual "Colombia" no sería nada más que una seudodiosa inventada en la revolución americana en el Siglo XVIII. 

Del colombiano, el tipo que los extranjeros describen como alegre, rumbero y amable, se dice con una facilidad increíble - como un dogma implantado socialmente - que es un tipo "echado pa'lante". Y esto se aprende casi al mismo tiempo que a leer, a escribir o a rezar el padre nuestro antes de dormir. De ejemplos estamos inundados en todos los ámbitos que propugnan por ensalzar nuestras raíces y crear el orgullo patrio, en este árido desierto de falta de identificación del colombiano, con Colombia. 

El colombiano "echado pa'lante" es el que migra a otro país, triunfa y luego les da de comer a los que no tienen techo, es el colombo-japonés que nos dice que somos ricos mientras que en una de las mayores economías del mundo son pobres, es el que nunca se rinde a la hora de encontrar la vacuna contra una enfermedad tropical, el ciclista que gana competencias internacionales o el genio que descubrió que la falta de educación y de bibliotecas se soluciona con un burro que vaya de pueblo en pueblo con un costal de libros a cuestas. El colombiano "echado pa'lante" es la figura de resiliencia a la que acuden los caídos en desgracia, como el campesino desplazado o el desempleado que "se la rebusca" hasta en los buses. En el lenguaje del marketing, es como si dentro de nosotros existiera un Juan Valdez que "le pone la cara a los problemas".

Sin embargo, debo confesar que yo siempre he tenido graves problemas con esa idea tan peculiar. Porque hay que decir que logré aprender a leer, a escribir y a rezar el padre nuestro a la hora de dormir, pero nunca nadie logró que me tragara el cuento acerca de esa virtud tan mentada y tan amada que supuestamente poseemos.

Para mí, una sociedad inundada de "echados pa'lante" sería incompatible con los altos índices de cínica corrupción desfilando por las noticias matutinas, vespertinas y nocturnas.  Sería también incompatible con una economía de mercado donde el consumidor no defiende sus derechos, ni siquiera se interesa por conocerlos y peor aún, se censura y señala como perturbador de la paz al que protesta. Y es que yo no entiendo cómo se nos dice con tanta ligereza que poseemos este súper poder, que más parece traído de una historieta de Marvel, cuando la gente está convencida de que no se debe acudir a la justicia porque no funciona o que los políticos son corruptos per se y que votar o no, no va a cambiar las cosas. 

Esa cómoda visión de nosotros mismos, que pontifica sobre el "abeja" que "no se la deja montar", que toma una marca conocida como la Pizza Nostra y la convierte en "Chicha Nostra", que vive de la apología constante que la picaresca criolla hace del narco o del corrupto, de la idea de que la mejor justicia es la que viene de la mano propia o de la profecía perpetua de una paz posible, ha ensombrecido la cruda realidad: los colombianos vivimos en una rapiña constante por la supervivencia indigna y no por el desarrollo y optimización de nuestra calidad de vida.

No puede uno negar lo cuestionable de la noción de desarrollo introducida por el pensamiento del libre mercado. Pero no puede uno negar que desarrollo es también una palabra que pretende describir una situación en la que paulatinamente se reduce cierto caos (normativo, económico, social) y se llega a un objetivo prefijado por los involucrados, en el cual se encuentre un bienestar. Esto no pretende desvirtuar algunas tesis sobre el caos como motor de las sociedades, pero es absurdo permitir que en pro del caos, se abogue por el mantenimiento de la miseria. Una cosa es caos, otra controversia. 

Si me lo preguntan, la vía más expedita para llegar a ser una sociedad verdaderamente "echada pa'lante", comienza con algo muy sencillo: "el imperio de la ley". Esta idea, que a pesar de ser también un postulado liberal, en nuestra sociedad parece haber sucumbido a la idea de la depredación mutua en pro de un supuesto enriquecimiento personal. Ella consiste en un moldeamiento de un sistema regulador de la conducta que funcione desde la base hasta sus servidores públicos y no desde los linajes artificiales de la farandula criolla.

No quiere decir que debemos redoblar los policías en las calles, o aumentar el número de jueces y magistrados, es más simple. El chip* que todos traemos, debe reprogramarse para entender que nuestra miseria como sociedad, es directamente proporcional al arraigo que tenga en nosotros la idea de que toda "papaya puesta" debe ser "partida".


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*Adenda: el chip no viene preprogramado. Nosotros lo programamos y por eso podemos reprogramarlo. 
(Por un comentario que me hizo @juglardelzipa)


Pic: Colombianadas 07 por  Wilson X en Flickr
Soundtrack: Colombia Tierra de todos de Grupo Niche



Mi relación con twitter

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Una noche en un taxi camino a la casa, Iván Vargas me habló de twitter. No recuerdo bien sus palabras pero me dijo algo como "La última afición tecnológica en la que estoy se llama Twitter. Es un servicio en el que en 140 caracteresusted debe responder a la pregunta What are you doing? Es muy chevere, debería probarlo".

Conociendo de sus "edificantes" aficiones al internet, lo miré con cara de "¿Qué le pasa?" y le dije algo como "Utilice su tiempo en algo que valga la pena parce", sin siquiera sospechar que yo mismo me iba a aficionar muchísimo al tema.

En ese entonces, eramos pocos y lo fuimos por mucho tiempo más. Podría decir que se masificó en Colombia hasta 2009. De los "Elders" quedan pocos y hoy hice una revisión minuciosa de los seguidos y los seguidores. Muchos de los de antes ya no estan en mi lista de seguidores. No es de extrañar. Desde finales de 2008 hasta casi prácticamente hoy, twitter era para mi el infierno, por muchas razones.

Un verbo tuiteriano común otrora era "procrastinar", el cual describe mi primera fase de relación con este servicio y con el internet en general. De hecho, es esa la función primaria que desgraciadamente resulta cumpliendo en mis días de estrés (y me imagino que es igual para los demás). Noches enteras de procrastinación con la excusa de leer copias de materias poco motivantes de la universidad. Era la época en la que una fuerte depresión me había invadido. Tuve mi primera desilución política al trabajar en cierta campaña electoral.

Luego fui a los Estados Unidos y la cosa se complicó más, porque tuitear a veces es tan interesante que uno no puede evitar perder el tiempo en el trabajo mirando los fascinantes links que todo el mundo pone. Realmente fue un obstáculo para desempeñarme mejor en la labor que había ido a realizar. Aunque no lo hice del todo mal.

Al regresar a Colombia, la relación con tuiter se estrechó por cierto evento amoroso nacido del experimento fallido de los 25 ajiacos, donde la crema y nata tuitera se vio envuelta en sórdidas historias de romances y acosos entre los propios tuiteros. Eventualmente desencadenó en que no quisiera saber más de "Boyacense 2.0". Rogaba por el anonimato. Lo que pasa es que finalmente los deseos se cumplieron y con la posterior masificación de Twitter, todos fuimos anónimos. O no... Eso dependía del caso particular...

Sin embargo hacen falta aquellos días en los que de un tweet de Matias se armaban conversaciones largas de tweets. O incluso falta la comunidad que una vez hubo. Ahora todos tienen twitter. Twitter es un ejercicio social en el que, como dice mi novia, todospugnan por hacer el comentario más sagaz, ácido o inteligente.

Cuando hice la revisión/limpieza del día de hoy, sentí tristeza por los que se habían ido. Sentí la necesidad de abandonar a otros. Porque aunque uno no lo crea, twitter, además de un medio de información en tiempo real, fue todo un experimento social. Uno que después de la limpieza de hoy, espero que se convierta en más humano y más honesto.

Parece que definitivamente he vuelto a twitter...

Soundtrack: The Heinrich Maneuver by Interpol

Un tórrido comienzo de año... Y sus expectativas

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El 2010 es un año en el que deseo alcanzar muchas metas y que en general es un año decisivo. Pero no es un año decisivo solamente para mí, sino que al tiempo, el mundo no ha frenado la vorágine en la que vive y desde el 1 de enero han pasado de todo tipo de cosas. Y seguirán pasando.

Empecemos con la más visible de todas y es que este es un año electoral. En Colombia, Brasil y Costa Rica en lo referente a la presidencia, los Estados Unidos elegirán nuevos legisladores y la devastada Haití elegirá sus legisladores y su presidente. Por su parte Sebastián Piñera resultó electo el pasado 17 de enero logrando un 51,6% de los votos válidos depositados.

En Colombia el panorama no es nada tranquilo, porque por delante no solo tenemos unas elecciones legislativas en las que se supone también votaremos un referendo constitucional, sino que además, dependiendo de ese resultado tendremos o no a Uribe en el poder por cuatro años más. Lo más grave de esto, más allá de la transformación del orden constitucional colombiano para permitir una nueva reelección del señor presidente, es el hecho que la última vez que Uribe puso en marcha un referendo solamente logró el umbral requerido en una sola de las preguntas.

Para ponerle un poco más de adrenalina al asunto, según El Espectador, para el 25 de agosto de 2009 el umbral del 25% necesario para que se apruebe la modificación de un texto legal era de 7’386.798 votos válidos y Uribe obtuvo 7'397.835 de votos válidos.Una empresa más bien quimérica para el señor presidente porque además del hecho que - en términos prácticos, no legales - tendrá que someter su nombre al escrutinio del pueblo dos veces en un lapso de dos meses aproximadamente tiene 4 escollos que no podrán superarse sino a través de muy buenas campañas mediáticas:

En cuanto a imagen:

1. La pérdida de ahorros por parte de los colombianos que invirtieron en las pirámides pues es de recordar que no se han rendido cuentas al país en general. A estas alturas solo tenemos informes mediáticos de los estados financieros de dichas entidades.

2. Los interminables escándalos sucedáneos del gobierno Uribe, a saber: Agro Ingreso Seguro, las "chuzadas" del DAS, las relaciones que se le endilgan a su familia con narcotráficantes como los hermanos Ochoa, las imputaciones de Virginia Vallejo acerca de su papel como alíado del narcotráfico cuando trabajaba en la Aeronáutica Civil, una sentencia de un tribunal internacional que explicitamente dice que las autoridades departamentales de Antioquia supieron con anterioridad de las masacres ocurridas en Ituango, los negocios de los hijos del señor Presidente... La lista sigue.

En materia jurídica:

3. La "omisión constitucional" que representa el haberse tramitado el referendo sin el dichoso certificado de financiación, la valoración que haga la Corte de los vicios de forma del trámite de la ley y los efectos que su reelección pueda tener en materia de legalidad de la elección.

4. En el campo de la principialistica constitucional, los demás presidenciables competirán con un Uribe que no se pronunció el 30 de noviembre acerca de su intención de hacerse reelegir - a pesar de que en favor de ello se puedan argüir infinitas razones que yo en particular no pienso discutir - y que en general no está limitado por ningún estatuto jurídico exigible.

El escenario se ve difícil y la verdad independientemente de mi color político, creo que después del referendo tendremos que enfrentarnos a una realidad en la que no será posible reelegir a Uribe. Entonces no sabremos a quién elegir, porque no hay perfiles fuertes, no hay candidatos con el suficiente fogueo y por sobretodo, porque ese escenario no ha sido contemplado por la generalidad del público en debate abierto.

Acompañando todo esto, está por delante la definición de otras cosas importantes como el efecto de los decretos de emergencia y demás, sin embargo eso serán preocupaciones menores en la agenda legislativa y política de nuestro país, porque de aquí a marzo. lo que verdaderamente concentrará nuestra atención es la reelección presidencial.

Mientras tanto sugiero elevarle una oración a Santa Marta para que la patrona de los imposibles nos saque de tanto atolladero